Sucede que muchas veces preparamos nuestras diapositivas, investigamos nuestros temas y tratamos (según nosotros) de ser: LO MÁS CLAROS POSIBLES, cuando en el fondo cometemos el error de contrariarnos.

Memorizamos nuestros libretos, leemos diapositivas, no nos relacionamos con la audiencia y unidireccionamos nuestras frases. En esencia: MONOLOGAMOS y pretendemos contarlo todo sin tener en cuenta a la audiencia.

¿Alguna vez nos hemos parado a reflexionar sobre qué es lo que queremos cuando realizamos una exposición, sea ésta del tipo que sea? Según la ocasión, podemos pensar que exponemos para alcanzar una nota, convencer a un cliente, o para explicar nuestras ideas a colegas, o para proponer un proyecto con el fin de encontrar financiamiento.

No debe perderse de vista lo fundamental: COMUNICAR EL MENSAJE.

Esto implica factores importantes e interactivos:

1) “Engancharse” con la audiencia; 2) Mantener la atención; y 3) Que se te comprenda y que lo aprendido se recuerde siempre, incluyendo el modo de cómo se logró. Estos tres objetivos constituyen tres claves para el éxito de toda exposición sea de tipo científica, comercial, financiera o todo aquello que se te ocurra expresar.

Conseguirlo esto no es tan complicado como parece a primera vista: basta con que te esfuerces y te comprometas en ello. Toda exposición o presentación, es un acto creativo y la creatividad exige tiempo. Dedícaselo y los resultados serán muy gratificantes.

Es cierto que en el caso de que dominemos plenamente un tema, resulta muy difícil ponerse en la piel( o el nivel) de alguien que no comparte ese nivel de conocimientos, lo      que constituye el fenómeno de “la vanidad del conocimiento”, lo cual restringe importancia y dinamismo de lo que se quiere exponer.

Perderemos la atención de la audiencia si, En primer lugar, los objetivos de la exposición no están claros, su idea fundamental no es evidente, se desconoce el nivel de conocimientos requerido para entenderla, la audiencia no tiene claro por qué habría de importarle, etc. En segundo lugar, cuando la estructura y organización de nuestra exposición son débiles o confusas, la ahogamos en un mar de detalles irrelevantes que distraen del mensaje fundamental, utilizamos un diseño pobre, plagado usualmente por gifs animados que nada tienen que ver con el fondo del tema y deforman su estética expresiva haciéndola monótona y aburrida, etc. Por último, podemos perderla gracias a unos TICS FRECUENTES, como los bailes de nervios, los balbuceos, el “seseo” y “esteo” repetitivo, acompañados de miradas esquivas al espectador dirigidas contrariamente al pavimento o al techo, donde evidentemente no encontraremos las respuestas.

Existe un límite a la cantidad de datos que pueden asimilarse en un tiempo dado. Inundar a la audiencia con información no ayudará a que ésta la comprenda ni la recuerde.

Si pronto va a exponer, pregúntese: ¿Cómo conecto con la audiencia?, ¿Utilizaré algún medio para captar y dirigir su atención?,  ¿Qué deberán comprender y recordar en cuanto culmine mi exposición?

— by Lk —

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